Para respetar los derechos de autor aclaro que el texto antes mencionado no es de mi autoria…aclarado ese punto es conveniente empezar…
Durante la mayor parte de la historia humana, la realidad era la naturaleza. En los últimos 150 años, la realidad se ha vuelto la técnica, las herramientas y las cosas hechas por el hombre. Ahora, la realidad se está volviendo el mundo social. ¿Cómo hacer para que las reglas éticas establecidas sirvan en la actualidad?
La realidad es que cuanto más necesitamos ciertas cosas, más difícil es conseguirlas, esto se aplica a las reglas éticas, reglas que podrían guiar nuestra conducta con los demás.
Vivimos y actuamos en compañía de una multitud de seres humanos ya sea que conozcamos o no, que los hayamos visto o que simplemente sepamos que existen, los cuales cuya vida y acciones dependen de lo que hacemos. El individuo nunca tuvo tanto poder y a su vez nunca hubo tan poca guía para poder usarlo, la magnitud de ese poder, hace que lo que realicemos tenga consecuencias a largo alcance, consecuencias que no podamos predecir, efectos secundarios que afecten personas que jamás conozcamos, por mucho que vivamos y viajemos, pero podríamos perjudicarlas por ignorancia más que por intención sin poder imaginarnos la escala de consecuencias que se derivarían de nuestras acciones. En este punto, las reglas éticas resultan impotentes, esas reglas que nos han heredado y enseñado a obedecer, esas reglas son aplicadas a las cosas visibles, pero que hacer si las cosas o consecuencias no se ven, en el remoto caso pensamos que no existen, como aplicaríamos esas reglas….De acuerdo a la magnitud del poder tenemos un claro ejemplo en el calentamiento global, como algo que hacen personas que ni conocemos, ni hemos visto, repercuten en nuestra vida, en el entorno en el cual nos desenvolvemos, a que escala llegan las consecuencias que en este momento se visualizan y como de alguna manera esos individuos que son “invisibles” para nosotros nos perjudican de tal magnitud.
Esa multitud de seres humanos hacen que básicamente cualquier cosa que hagamos involucre a muchas personas, y que cada una de ellas desempeñe un papel pequeño de una tarea general, es decir, fragmentos que al combinarse se convierten en una “unidad”, pero como tantas personas se involucran en las cosas, es muy difícil responsabilizar a alguien del resultado final (un pecado sin pecadores, un delito sin delincuentes, una culpa sin culpables), la responsabilidad queda en el aire sin que nadie se la quiera adjudicar. En toda nuestra vida realizamos trabajos en lugares diferentes, en momentos diversos; en cada escenario desempeñamos un papel, pero ninguno parece atrapar lo que realmente somos como individuos íntegros y únicos. Como individuos somos insustituibles, pero cuando nos desenvolvemos en cualquiera de los papeles en los que actuamos no lo somos, ya que ese papel tiene unos parámetros para ser realizado, así si yo dejo de desempeñar dicho papel, quien domine dicha habilidad para despeñarlo podrá sustituirme de inmediato, entonces la responsabilidad queda en el papel y no en el individuo que lo desempeña.
El individuo se ha convertido en un seguidor de reglas, lo cual lo ha llevado a que seguir las reglas se le haya convertido en hábito, si otros cumplen el trabajo que nosotros estábamos realizando echamos de menos la responsabilidad que teníamos con el papel, pero es por que se volvió costumbre, hábito seguir reglas, si nos devuelven esa responsabilidad sentimos una carga pesada y nos queda grande dicha responsabilidad, una carga demasiado pesada para llevarla solos. Reclamamos una autoridad superior a nosotros con la cual podamos compartir la autoridad, para no sentirnos solos, abandonados…
En las situaciones en las que debemos decidir que hacer, buscamos reglas sólidas en las cuales nos podamos apoyar y sentir que estamos haciendo lo correcto, cada quien elige que reglas seguir, pero esa elección no radica entre seguirlas o romperlas, ya que no hay un solo grupo de reglas que deban obedecerse o romperse. Con tal pluralidad de reglas vivimos en un mundo con una libertad de elección nunca antes vista y a la cual le tenemos miedo, debido a que no hay un guía claro que nos dirija nuestro camino. Entonces en este punto cabe preguntarnos si la realidad de antes nos hace falta, o simplemente el mundo contemporáneo es un hábito al que debemos acostumbrarnos, al cual toca cogerle la cuerda para no quedarnos atrás y nos abrume como en el pasado.
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